20090115




CADA MAÑANA
Autor: Patxi Loidi

Cada mañana sales al balcón
y oteas el horizonte
por ver si vuelvo.

Cada mañana bajas saltando las escaleras
y echas a correr por el campo
cuando me adivinas a lo lejos.

Cada mañana me cortas la palabra,
te abalanzas sobre mí
y me rodeas con un abrazo redondo
el cuerpo entero.

Cada mañana contratas la banda de músicos
y organizas una fiesta por mí
por el ancho mundo.

Cada mañana me dices al oído
con voz de primavera:
hoy puedes empezar de nuevo.

20090114

Para eso he venido

Dios no permanece indiferente al dolor. Quien se diga hijo suyo, tampoco.

Oración de un preso
Cristo, yo soy un preso.
Tengo más tiempo que los cartujos para rezarte.
Pero quizás sólo Tú sabes lo que le cuesta rezar a un preso.
En nuestro ser más profundo explota a cada instante la rebelión.
Es difícil rezar, creer, cuando uno se siente abandonado por la humanidad.
También para ti fue difícil rezar en la cruz
y gritaste tu angustia, tu cólera, tu desilusión, tu amargura:
¿Por qué me has abandonado?
También Tú fuiste un preso, un torturado, un acusado y un condenado.
Tú, cuyo último escándalo para los virtuosos de oficio fue el de canonizar,
sin milagros ni procesos, a un ladrón condenado a muerte.
A ti, Señor, víctima viva
de todas las injusticias cometidas por la justicia humana,
dirigimos nuestro grito.
¡ Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad!
Amén


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20090113

La imagen de mi Madre



El testamento
Autor: Raúl Hasbún Z.

ENCARANDO con lucidez la proximidad de su muerte, Jesús hizo su testamento.

Lo primero que nos dejó fue su cuerpo y su sangre. Adelantándose a la actual cruzada por la donación de órganos, Jesús consignó su expresa voluntad de alimentar a los suyos con el pan de su cuerpo, y vivificarlos con el vino de su sangre. Y no es una sugerencia o recomendación opcional, sino un mandato explícito: "hagan esto en memoria mía".

En seguida nos legó su propia Madre. En la persona de Juan, su discípulo predilecto, que al pie de la cruz representaba a todos los miembros de la Iglesia, Cristo nos confió la preciosa tarea de cuidar a su Madre. Juan obedeció de inmediato, recibiéndola en su casa, o más exactamente, haciendo de ella su morada interior. Lo que Pablo diría y enseñó sobre vivir "en Cristo Jesús", Juan lo anticipó y aseguró viviendo "en María, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia".

(Leer texto completo)

A la Madre se le ama y se le respeta.
La imagen de mi madre celestial es símbolo de pureza.
Duele verla deformada por quien no sabe que también es su hijo.
Duele verla deformada en tantas hermanas, que son maltratadas física, verbal o sicológicamente, olvidadas en su vejez, utilizadas en su inocencia, explotadas en sus miedos.

Enseñaba con autoridad



Las palabras de Jesús eran sencillas y claras; brotaban de su experiencia de Dios, de Su vida entregada al Padre.

20090112

Hijo bienamado



Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».
Mateo 3, 13-17

A más débil el hijo, más amado
A más rebelde el hijo, más amado
A más lejos el hijo, más amado

“La persona humana, mediante el Bautismo, es insertada en la relación única y singular de Jesús con el Padre, al punto que las palabras que llegan del cielo sobre el Hijo Unigénito son verdaderas para cada hombre y mujer que renace del agua y del Espíritu Santo: Tú eres mi hijo, el amado”.
Benedicto XVI, Angelus del domingo 11 de enero del 2008

20090108

Si quieres, puedes sanarme

SI TU QUIERES, SEÑOR, PUEDES SANARME
(Heriberto Bravo Bravo SS.CC. )

Si Tú quieres, Señor, puedes sanarme;
una sola palabra tuya basta.
Esta llaga de amor es tan nefasta
que parece matarme sin matarme.

Ya perdí la razón de enamorarme.
Poco a poco la fe se me desgasta.
Mi pupila se enturbia, ya no es casta.
Ya no puedo del lecho levantarme.

Hay en todo mi cuerpo cada día
un incendio de amores prolongado
en mi espíritu triste, sin quemarme.

Por todo esto te grito en mi agonía,
la agonía de estar enamorado:
"Si Tú quieres, Señor, puedes sanarme..."