20090316

El Poder del Perdón



Jean Valjean (Liam Neeson)
Los Miserables

Se abrió con violencia la puerta. Un extraño grupo apareció en el umbral. Tres hombres traían a otro cogido del cuello. Los tres hombres eran gendarmes. El cuarto era Jean Valjean. Un cabo que parecía dirigir el grupo se dirigió al obispo haciendo el saludo militar.
-Monseñor... -dijo.
Al oír esta palabra Jean Valjean, que estaba silencioso y parecía abatido, levantó estupefacto la cabeza.
-¡Monseñor! -murmuró-. ¡No es el cura!
-Silencio -dijo un gendarme-. Es Su Ilustrísima el señor obispo.
Mientras tanto monseñor Bienvenido se había acercado a ellos.
-¡Ah, habéis regresado! -dijo mirando a Jean Valjean-. Me alegro de veros. Os había dado también los candeleros, que son de plata, y os pueden valer también doscientos francos. ¿Por qué no los habéis llevado con vuestros cubiertos?
Jean Valjean abrió los ojos y miró al venerable obispo con una expresión que no podría pintar ninguna lengua humana.
-Monseñor -dijo el cabo-. ¿Es verdad entonces lo que decía este hombre? Lo encontramos como si fuera huyendo, y lo hemos detenido. Tenía esos cubiertos...
-¿Y os ha dicho -interrumpió sonriendo el obispo- que se los había dado un hombre, un sacerdote anciano en cuya casa había pasado la noche? Ya lo veo. Y lo habéis traído acá.
-Entonces -dijo el gendarme-, ¿podemos dejarlo libre?
-Sin duda -dijo el obispo.
Los gendarmes soltaron a Jean Valjean, que retrocedió.
-¿Es verdad que me dejáis? -dijo con voz casi inarticulada, y como si hablase en sueños.
-Sí; te dejamos, ¿no lo oyes? -dijo el gendarme.
- Amigo mío -dijo el obispo-, tomad vuestros candeleros antes de iros.
Y fue a la chimenea, cogió los dos candelabros de plata, y se los dio. Las dos mujeres lo miraban sin hablar una palabra, sin hacer un gesto, sin dirigir una mirada que pudiese distraer al obispo. Jean Valjean, temblando de pies a cabeza, tomó los candelabros con aire distraído.
Ahora -dijo el obispo-, id en paz. Y a propósito, cuando volváis, amigo mío, es inútil que paséis por el jardín. Podéis entrar y salir siempre por la puerta de la calle. Está cerrada sólo con el picaporte noche y día.
Después volviéndose a los gendarmes, les dijo:
-Señores, podéis retiraros.
Los gendarmes abandonaron la casa. Parecía que Jean Valjean iba a desmayarse. El obispo se aproximó a él, y le dijo en voz baja:
-No olvidéis nunca que me habéis prometido emplear este dinero en haceros hombre honrado.
Jean Valjean, que no recordaba haber prometido nada, lo miró alelado. El obispo continuó con solemnidad:
-Jean Valjean, hermano mío, vos no pertenecéis al mal, sino al bien. Yo compro vuestra alma; yo la libro de las negras ideas y del espíritu de perdición, y la consagro a Dios.

Les Misérables (Fragmento)

twitter / CruzdeMayo

20090315

Respeto por el Templo



Basílica de Lourdes
Quinta Normal, Santiago de Chile


Con el mismo respeto que entras a la Iglesia a Misa, en silencio, atento, respetuoso, así haz de dirigirte a tu hermano, a tu prójimo, porque más importante que el templo de hierro y cemento en que nos encontramos es el templo que alberga el soplo de Dios: su criatura, redimida con la sangre de Su propio Hijo. ¿Cómo puedes pensar que respetas al Señor porque te persignas a la entrada a Misa, porque te inclinas y juntas tus manos estando dentro de la Iglesia, pero cuando has salido de ellas escupes en el Templo del Espíritu Santo que tienes en cada prójimo, gozándote en señalar sus vicios y sin hacer nada porque las virtudes sembradas en él germinen?

Extracto de Homilía de la Misa de las 11am del Domingo 15 de marzo de 2009
Basílica de Lourdes, Quinta Normal

twitter / CruzdeMayo

20090312

En la Viña del Señor



La Parábola de la Viña (Mt 21, 33-42)
de Charles de Sousy Ricketts
(Los viñadores matan a golpes al Hijo del Dueño de la Viña).

Reflexión: Voluntad y Libertad orientadas a Dios
Padre Cipriano Sánchez

twitter / CruzdeMayo

20090308

Bienaventurado Hermano André



Quién es el Hermano André

Leer más


twitter / CruzdeMayo

Qué bien se está aquí


Monte Tabor

Multipliquemos las horas de Tabor en nuestra vida, horas de silencio y contemplación tan necesarias para mantenernos alegres y esperanzados. Seamos también Tabor para los que buscan afanosamente un lugar de reposo y de encuentro.

Leer más


twitter / CruzdeMayo