Author: Pamela Cruz
•miércoles, enero 14, 2009
Dios no permanece indiferente al dolor. Quien se diga hijo suyo, tampoco.

Oración de un preso
Cristo, yo soy un preso.
Tengo más tiempo que los cartujos para rezarte.
Pero quizás sólo Tú sabes lo que le cuesta rezar a un preso.
En nuestro ser más profundo explota a cada instante la rebelión.
Es difícil rezar, creer, cuando uno se siente abandonado por la humanidad.
También para ti fue difícil rezar en la cruz
y gritaste tu angustia, tu cólera, tu desilusión, tu amargura:
¿Por qué me has abandonado?
También Tú fuiste un preso, un torturado, un acusado y un condenado.
Tú, cuyo último escándalo para los virtuosos de oficio fue el de canonizar,
sin milagros ni procesos, a un ladrón condenado a muerte.
A ti, Señor, víctima viva
de todas las injusticias cometidas por la justicia humana,
dirigimos nuestro grito.
¡ Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad!
Amén


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