Author: Pamela Cruz
•sábado, julio 25, 2009


Cantautor: Alberto Cortez

Amigos, a continuación comparto con ustedes un email recibido en mi correo personal.

¿Cuánto cuesta un joven?

En el contexto de la gran inseguridad que estamos viviendo, una de las problemáticas instaladas es el debate social sobre el funcionamiento de la ley ante la delincuencia de menores. Varias autoridades y medios de comunicación han abordado el tema y ya se encuentra en las cámaras una propuesta de ley que contempla un nuevo régimen de imputabilidad de penas para adolescentes.

Con el deseo de echar luz sobre esta situación tan sensible a nuestra identidad salesiana, presentamos un documento de Don Bosco, no muy conocido, donde aborda el tema en diálogo con el gobierno italiano de su época, aportando su propuesta.

Es esperable que todos sus hijos y continuadores, que formamos el gran Movimiento Salesiano en el mundo, tomemos inspiración y nos arremanguemos, como lo hacía él, para intervenir en el debate y sobre todo en la propuesta de soluciones para el bien de nuestros jóvenes en riesgo.

Presentación del documento (1)

Desde el 22 de diciembre de 1877 Don Bosco se encontraba en Roma. Permanecerá allí hasta el 26 de marzo de 1878. Había venido sobre todo para lograr la tan esperada estabilidad jurídica de su Congregación, y también para realizar una antigua aspiración: encontrar en Roma una sede para su obra.

Eran los días en los que se realizaba el Cónclave para la elección del nuevo Papa, que será, luego León XIII (2). Frente al ambiente belicoso y de revuelta que había generado la muerte de Pío IX, los cardenales temían que durante el Cónclave sucedieran hechos nefastos, y hasta habían pensado en trasladar la elección a otra ciudad. Para verificar si el gobierno estaba dispuesto a garantizar la protección de
la libertad del mismo, se le encargó oficiosamente a Don Bosco que hiciera una investigación. Es por esto que Don Bosco logra una entrevista con el ministro del interior Francisco Crispi (3).

El encuentro no fue muy grato al inicio. El ministro se mostró muy descortés, pero al fin le aseguró que el Gobierno respetaría y haría respetar el Cónclave. En un segundo momento cambió de actitud e inició una conversación más cordial recordando los tiempos de su juventud en los que había conocido a Don Bosco en Turín y preguntándole por su Obra. Esto lo llevó a hablar de los sistemas educativos y a lamentarse de los desórdenes que estallaban continuamente en las correccionales de menores. La conversación duró largo rato y el ministro le solicitó un programa de su
sistema para examinarlo. El coloquio se cerró con la mayor cordialidad y con la promesa de Don Bosco de enviarle su modo de pensar a cerca de las correccionales de menores.

Es este el contexto y las motivaciones en las que surge el documento que presentamos. Pocos días después, de hecho, Don Bosco hace llegar al ministro ³el bosquejo² de su ³sistema² de educación, con una carta de presentación que contiene propuestas sobre cinco posibles sedes romanas para erigir un hogar para jóvenes.

Pero las circunstancias hacen derivar los acontecimientos. El 23 de marzo asume la cartera del interior un nuevo ministro: José Zanardelli (4), que durará hasta el 11 de diciembre del mismo año. Don Bosco insiste sobre el trámite iniciado con Crespi. Envía una carta al secretario del nuevo ministro pidiéndole retomar las prácticas, que según él se hallaban a ³buen punto².

Volverá a la carga con una carta al mismo ministro donde le recuerda los pasos dados, concluyendo: ³Si las intenciones de su Excelencia fueran en esta dirección, yo me prestaría con mucho gusto; y si el pliego enviado se hubiese extraviado, renovaría la copia que haría llegar prontamente a las manos de su Excelencia².

Don Braido afirma: ³No resulta que el pro-memoria haya sido solicitado, más aún que haya existido algún encuentro. Al límite, no se tiene ni siquiera la certeza que la carta haya sido verdaderamente enviada o haya llegado a manos de Zanardelli. El documento, en todo caso, quedó inoperante².

El Sistema Preventivo en la educación de la juventud.
Juan Bosco, Roma, 1878
(For English, click here)

Dos son los sistemas utilizados en la educación moral y ciudadana de la juventud: el represivo y el preventivo. Uno y otro son aplicables en la sociedad civil y en las casas de educación. Damos aquí un bosquejo del sistema preventivo para mostrar cómo debería aplicarse en la sociedad, y cómo podría practicarse con éxito en los correccionales, los colegios, los hogares de menores y en los mismos internados para niñas.

Sistema preventivo y represivo en la sociedad

El sistema represivo consiste en hacer conocer las leyes y las penas que éstas establecen; luego la autoridad debe vigilar para conocer y castigar a los culpables. Éste es el sistema utilizado en el ejército y en general entre los adultos. Pero los jóvenes, carentes de instrucción y de reflexión, instigados por los compañeros o por la falta de razonamiento, se dejan arrastrar a menudo ciegamente al desorden, por el solo hecho de estar abandonados. Mientras las leyes se ocupan de los culpables, hay que trabajar seriamente
para disminuir su número.

Qué chicos deben considerarse en riesgo

Yo creo que no se pueden considerar malos, sino en riesgo de llegar a serlo, aquellos que:
1º Emigran de ciudades o de diversos pueblos y van en busca de trabajo a otras ciudades y países. En general éstos llevan consigo un poco de dinero que gastan en breve tiempo. Si después no encuentran trabajo, corren verdadero peligro de dedicarse al robo y comenzar el camino que los conduce a la ruina.
2º Aquellos que quedaron huérfanos de padres y no tienen a nadie que los acompañe, quedando abandonados al vagabundeo y a las malas compañías, cuando una mano amiga o una voz caritativa, habría podido conducirlos por el camino del honor y del honesto ciudadano.
3º Aquellos que tienen padres que no pueden o no quieren hacerse cargo de sus hijos; y por tanto los echan de la familia o los abandonan totalmente. De estos padres crueles lamentablemente hay un gran número.
4º Los vagabundos que caen en manos de la policía pero que no son todavía delincuentes. Éstos, si fueran recogidos en un hogar donde se los instruyera y encaminara al trabajo, serían ciertamente arrancados de las cárceles y restituidos a la sociedad.

Disposiciones
La experiencia nos enseña que se puede proveer eficazmente a estas cuatro categorías de chicos:
1º Con parques de recreación para tiempo libre. Con los juegos amenos, con la música, la gimnasia, las carreras, los saltos, la declamación, el teatrito se los reúne con mucha facilidad. Además, con la escuela nocturna, con el apoyo escolar dominical y el catecismo se da el alimento moral adecuado e indispensable para estos pobres hijos del pueblo.
2º En estas reuniones es necesario investigar quiénes son los que están sin trabajo y hacer lo posible para que estén ocupados y asistidos en el trabajo durante la semana.
3º Hay también quienes son verdaderamente pobres y abandonados, que no tienen cómo vestirse, ni qué comer, ni dónde pasar la noche. A éstos no se los puede ayudar de otra manera que con Hogares y casas de prevención, con artes y oficios y también escuelas y colonias agrícolas.

Intervención del gobierno
El Gobierno, sin tener que ocuparse de los detalles, y sin renunciar tampoco al principio del Bien Común, puede cooperar de los siguientes modos:
1º Suministrar parques y jardines para las recreaciones festivas. Ayudar a aprovisionar las escuelas y los parques con los elementos necesarios.
2º Proveer locales para los Hogares, dotarlos con los instrumentos necesarios para la enseñanza de las artes y oficios en los que estarían ocupados los niños internados.
3º El Gobierno tendría que dejar libertad para aceptar a los alumnos, pero daría una pensión diaria o un subsidio mensual para aquellos internos que se encontraran en las condiciones ya mencionadas. Esto se podría documentar por certificados de las autoridades civiles, o por los datos de la policía, que muy frecuentemente encuentra jóvenes que precisamente se hallan en estas condiciones.
4º Este subsidio diario significaría sólo un tercio de lo que le costaría un joven al Estado en un reformatorio. Tomando como referencia las cárceles correccionales de la Generala de Turín, y reduciendo los gastos totales para cada individuo, se puede calcular unos 80 centavos de lira al día.
De este modo el gobierno ayudaría, pero dejaría libertad para los aportes de la caridad privada de los ciudadanos.

Resultados
Apoyado en mi experiencia de 35 años puedo constatar que:
1º Muchos jóvenes salidos de las cárceles, con facilidad fueron encaminados a un arte u oficio con el que se ganaron honestamente el pan de la vida.
2º Muchos, que se encontraban en extremo peligro de llegar a ser delincuentes (y comenzaban a ocasionar molestias a los honestos ciudadanos, y provocaban no pocos disturbios a la autoridad pública), se apartaron del peligro y se pusieron en la senda del honesto ciudadano.
3º Consta en los registros que no menos de cien mil jóvenes asistidos, recogidos, educados con este sistema, algunos aprendieron música, otros ciencias literarias, o un arte y oficio, y han llegado a ser virtuosos artesanos, empleados de comercio, patrones de talleres, maestros educadores, laboriosos obreros, y no pocos cubren honorables grados en el ejército.
Muchos también, dotados por la naturaleza de ingenio no común, pudieron recorrer los cursos universitarios y se diplomaron en letras, matemáticas, medicina, leyes, ingenieros, escribanos, farmacéuticos y similares.
Luis Timossi, sdb

REFERENCIAS
(1) Il sistema preventivo applicato tra i giovani pericolanti (1878), A cura di Pietro Braido. En: Scritti pedagogici spirituali, LAS-ROMA, 1987, páginas 221 a 230. Ver también MB XIII, 413 ss.
(2) Cardenal Joaquín Pecci.
(3) Fue varias veces ministro y presidente del Consejo. En 1852 había frecuentado el Oratorio de Valdocco y hasta se había confesado alguna vez con Don Bosco ³en los tiempos que tenía fe², como él mismo se lo recordará durante la audiencia.
(4) Jurista y diputado de la izquierda histórica, fue varias veces ministro, presidente de la Cámera y del Consejo. En una carta a su secretario, Don Bosco le recuerda que, en el pasado, el ministro mantuvo siempre buenas relaciones con él y lo trató con gran benevolencia.

twitter / CruzdeMayo

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