Author: Pamela Cruz
•sábado, abril 11, 2009


Descenso de Cristo al Limbo de los Padres,
Andrea da Firenze

“Descendió a los infiernos”: Esta confesión del Sábado Santo significa que Cristo cruzó la puerta de la soledad, que descendió al abismo inalcanzable e insuperable de nuestro abandono. Significa también que, en la última noche, en la que todos nosotros somos como niños abandonados que lloran, resuena una palabra que nos llama, se nos tiende una mano que nos coge y guía. La soledad insuperable del hombre ha sido superada desde que Él se encuentra en ella. El infierno ha sido superado desde que el amor se introdujo en las regiones de la muerte, habitando en la tierra de nadie, de la soledad. En definitiva, el hombre no vive de pan, sino que en lo más profundo de sí mismo vive de la capacidad de amar y de ser amado. Desde que el amor está presente en el ámbito de la muerte, existe la vida en medio de la muerte. “A tus fieles, Señor, no se les quita la vida, se les cambia”, reza la Iglesia en la misa de difuntos.
La angustia de una ausencia, Meditación de Sábado Santo (Fragmento)
Cardenal Joseph Ratzinger


Catecismo

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